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¡Buen día!

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Madrugada. Gatos en el techo del vecino me despiertan a los gritos. Voy al baño. Vuelvo a la cama. Vuelta para un lado. Vuelta para el otro. ¿Cuándo volverá el sueño? 

Siete de la mañana. No escuché la alarma. Debería estar camino a la oficina. Perdido por perdido pongo a calentar el café en el microondas. Se hierve. Se quema. Rebalsa. 

El noticiero anuncia: aumenta la luz, el gas, el agua, la medicina prepaga, los peajes, la comida, la inflación, la desocupación. 
Salgo de casa. Hago dos cuadras. La esquina cortada por una reparación. Giro a la derecha. Otra esquina cortada. ¿Quién planifica los cortes? 

Avanzo hasta la avenida. El semáforo no funciona. Nadie cede. Cruza el que puede. El colectivo sigue de largo. Ignora el grupo de personas esperando en la esquina. Lo frena el tráfico. Un tipo lo corre. Golpea la puerta para que le abra. No le abren. Patea la puerta. Lo insulta. El colectivo arranca de nuevo. El hombre vuelve a la esquina. Avanzan algunos autos. Logro pasar. Me freno en el medio de la calle. Me acorralan por izquierda. Se despeja al frente, pero cruzan peatones. Sigo detenido.

Llego a la autopista. Peaje en la subida. Quiero pagar con cambio. No me alcanza. Recuerdo el aumento. Busco la billetera. Está en el bolsillo del saco. El saco doblado en el asiento de atrás. La encuentro. Se me desliza de la mano. Cae al piso del auto. Suelto los pedales. Se apaga el motor. Orquesta de bocinazos. Encuentro la billetera. Pago. Arranco. Sigo. Hasta el embotellamiento.

Llego a la oficina. Diez de la mañana. El ascensor no funciona. Cinco pisos por escalera. No hay internet. Vencen las obligaciones de AFIP. Los clientes llenan de mensajes el celular. Exigen respuesta. Advierten que me harán cargo de las multas. Amenazan con irse del estudio. 

Tres de la tarde. Llamada del portero del edificio donde vivo. Hay pérdida de agua. Estará cortada hasta nuevo aviso. Vuelve internet. Presento. Respondo. 

Siete de la tarde. Salgo de la oficina. Voy a buscar el auto. Rueda pinchada. La cambio. Se me rompe el pantalón. Me mancho la camisa. Arranco. Avenida. Congestión. Autopista. Detención.

Nueve de la noche. Llego a casa. Me olvidé de comprar agua. La heladera está vacía. Pido una piza de muzzarella. Demorará 20 minutos. La reclamo a los 45. Llega a la hora. Me siento. Abro la caja. Grande de anchoas.
...de anchoas...


... ¡DE ANCHOAS!...






¡¡¡PERO POR QUE NO SE VAN TODOS A LA MIERDA!!!

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