Ir al contenido principal

Macho!

¡Macho! – Dijo la partera, sin saber que estaba yendo más allá del sexo que la genética me había otorgado.

Me estaba avisando que de chico iba a vestir de azul; que mis juguetes serían una pelota, autitos o armas; que era lógico que me agarre a piñas con otro nene porque tenía que aprender a defenderme; o que de adulto, si salía con muchas mujeres iba a ser bien visto como un galán; y si me casaba, podía dedicar una mínima parte de mi tiempo a “ayudar” en las tareas de la casa, y que no me tendría que preocupar por la mayor parte de la crianza de mis hijos, con jugar un poquito con ellos iba a ser considerado buen padre. Me daba permiso de hacer topless en una playa sin que esto se convierta  en un escándalo, y engordar o quedarme pelado sin temer el juicio estético de la sociedad.

Al mismo tiempo, me estaba liberando de que con las hormonas alborotadas me sangre la entrepierna todos los meses; me eximía de usar corpiños de por vida y de tener que depilarme constantemente. Me estaba diciendo que podía caminar tranquilo por la calle, que no me iban a mirar el culo, las tetas ni a decirme cualquier guarrada como sinónimo de halago, ni me iban a decir “histérico” si no contestaba con sonrisas a las insinuaciones.

Yo creo que esa enfermera no sabía que eran prácticamente nulas las posibilidades de salir de mi casa y no volver; encontrando luego mi cuerpo desnudo, violado y tirado por ahí como la peor basura. Que iba a llegar el día en que yo cruzaría de calle para no asustar a una mujer que caminara delante mío. O que si veía a una chica sola en una parada de colectivo, sentiría que la pobre mina estaba desprotegida a merced de cualquier hijo de puta que se le ocurriera aparecer por ahí.

Somos parte de una sociedad que necesita repensar las cosas. Porque a las mujeres no les perdonamos que sean seguras de sí mismas, independientes, pensantes, creativas, valientes. Te queremos obediente, dócil, casada y con hijos. Es una sociedad donde, en lugar de construir y potenciarnos mutuamente, nos volvemos jueces y verdugos. Pero a pesar de que sigamos matando pibas, ellas van a seguir saliendo a la calle para aprender, laburar, disfrutar, divertirse, crecer, o simplemente Ser.


Comentarios

  1. Genio!!!!!! Bravo. Amo este texto! Creo q deberia estar publicado x doquier!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Tesoros escondidos

En mi casa había muchas cosas que eran un misterio. O al menos, esa era la entidad que yo le daba, desde mi mente de niño. Los estantes más altos de la alacena; la puertita del vajillero, que se abría hacia abajo;  el cuartito de herramientas, eran sólo algunos de los lugares que me moría por investigar. Estaba convencido de que allí se escondían verdaderos tesoros. Sin embargo, nada le ganaba al antiguo ropero de nogal, de la habitación de mis padres. Tres puertas laqueadas, un gran espejo al centro y tres pequeñas cerraduras flanqueando el contenido de cada una. Era la misma llave para las tres puertas. Pero como un acto de seguridad, mis padres dejaban la pequeña llavecita sobre el ropero, fuera de mi alcance. Tomarse el trabajo permanente de buscar la llave, abrir, guardar o sacar algo de su interior, cerrar, y devolverla a su lugar, aumentaba mi curiosidad por saber qué había dentro, además de camisas, pantalones y abrigos. A medida que iba creciendo, me iba...

Made in Argentina

Con sus 15 años recién cumplidos, y por unos módicos 500 pesos argentinos por cabeza, Beltrán había entrado a la Argentina junto con otros 5 compatriotas de su Bolivia natal, rodeados por una muralla de bolsas de cebolla que el chofer del camión había distribuido convenientemente de modo tal que quedara un cuadrado en medio de la caja, donde se pudieran sentar con las piernas juntas para no ocupar mucho lugar, sus improvisados pasajeros. En general no era necesario tomar demasiadas precauciones. El camionero conocía a todos los oficiales del puesto de frontera, pero no iba a ser cosa que justo hubiera algún cambio de guardia y le saliera caro el favorcito. Beltrán y sus compañeros hicieron silencio cuando el vehículo se detuvo y, a juzgar por las risas y bromas inentendibles, parecía que no había de qué preocuparse. El traqueteo y el calor despertaron a Beltrán. El sol daba de lleno en las cebollas y se respiraba un vapor hediondo que les revolvía el estómago a los mucha...

Señor Gabriel

Tenía nueve años recién cumplidos cuando Gabriel cruzó por primera vez la puerta de su nuevo hogar.  Con la respiración agitada y un nudo en el estómago, su mano pequeñita y sudorosa sostenía el bolso con las pocas pertenencias que cargaba. Nuevamente la ilusión y el deseo irrefrenable de que ésta vez sí funcione. La química con la joven pareja fue instantánea, y crecía con cada visita al orfanato. Tanto, que el día que le preguntaron si quería formar con ellos una nueva familia, la respuesta fue un abrazo infinito y un mar de lágrimas por parte de los tres. Todo era nuevo para él. No había tenido tanta suerte las veces anteriores. Pero esta gente parecía amable. De a poco fueron construyendo una rutina familiar, y la verdad es que se sentía cada vez más feliz. Sus tíos y primos eran gente divertida. Su abuela lo llevaba todos los días al colegio y lo esperaba con el almuerzo listo para cuando volviera.  El que era un enigma era su abuelo. Ante sus ojos y estatu...